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El plan anual que nadie conecta con el martes
El plan de enero tenía seis objetivos. En julio, nadie en la operación puede señalar qué tarea de la semana pertenece a cuál de ellos.
Empresa de servicios de tecnología en Brasil, 450 personas (cifras en reales). En enero, dos días de planificación fuera de la oficina, seis objetivos definidos, presentación de 38 diapositivas enviada a todos. En julio, en una conversación de pasillo, le preguntan a un coordinador de operaciones a qué objetivo del año responde la entrega de la semana. No lo sabe. No por desidia: nadie le hizo nunca esa conexión.
El plan existe. La operación existe. Lo que no existe es el camino entre ambos — y es en ese vacío donde la estrategia muere, sin que nadie tome una decisión equivocada en ningún momento identificable.
01La idea: ejecutar es disciplina, no detalle #
Larry Bossidy, exdirector ejecutivo de AlliedSignal/Honeywell, y Ram Charan publicaron Execution: The Discipline of Getting Things Done en 2002. La tesis central contradice el hábito corporativo de tratar la estrategia como trabajo noble y la ejecución como implementación delegable: para los autores, ejecutar es una disciplina sistemática, parte de la estrategia, y responsabilidad indelegable de quien lidera.
El libro organiza la empresa en tres procesos centrales que deben estar acoplados: el proceso de gente, el proceso de estrategia y el proceso de operación. Gente define quién es capaz de hacer qué; estrategia define hacia dónde va la empresa; operación traduce eso en metas, recursos y plazos del período corriente.
Ejecutar es una disciplina, y parte integral de la estrategia — no algo que se entrega a otros después de que el plan está listo.
Cuando los tres procesos no se comunican, el síntoma es siempre el mismo: metas ambiciosas con el equipo que se tiene, plan que ignora la capacidad real, y un presupuesto operativo construido en otra planilla, por otra área, con otra premisa. Cada pieza es defendible por separado; el conjunto no cierra.
02Dónde se rompe la conexión en una empresa mediana #
En una multinacional, traducir el plan es trabajo de un área de PMO. En la empresa de 450 personas, esa traducción es informal: ocurre en las conversaciones del director con sus gerentes, y ahí se detiene. Debajo de ese nivel, lo que llega es una secuencia de pedidos sin origen declarado.
- Objetivo sin iniciativa. El objetivo existe en la diapositiva y nunca se convierte en un conjunto nombrado de trabajos con responsable y plazo.
- Iniciativa sin capacidad. El trabajo se aprueba sin verificar quién lo hará, y recae sobre personas que ya están en tres frentes.
- Operación en otro compás. El plan es anual; la operación vive en ciclos semanales, y nada conecta una escala con la otra.
- Seguimiento por narrativa. El avance se reporta en presentación mensual, lo que favorece a quien escribe bien y esconde a quien está trabado.
- Nadie retira nada. Entran nuevas iniciativas sin que salgan las antiguas, y la capacidad real se diluye hasta que todo avanza lento.
Una investigación de Donald Sull, Rebecca Homkes y Charles Sull publicada en Harvard Business Review en 2015 agrega un dato incómodo a este cuadro: los autores encontraron, en una muestra amplia de gestores, que la coordinación entre áreas — y no la falta de alineamiento vertical — es el cuello de botella más frecuente de la ejecución, y que los compromisos entre pares son mucho menos confiables de lo que los gestores suponen. Es decir: parte relevante de la brecha no está entre jefe y equipo, está entre áreas vecinas. Es el costo de coordinación del que trata el costo de coordinar.
03La cuenta de la traducción que no ocurre #
Premisas declaradas, a la escala de las 450 personas — rehágala con sus propios números:
6
objetivos anuales declarados en enero
2
con iniciativas nombradas, responsable y plazo en julio
R$ 1,4 mi
por año en trabajo activo sin conexión con ningún objetivo
9 h/mes
por gestor reconstruyendo el estado en presentaciones
La tercera línea: un relevamiento de los frentes activos mostró 23 trabajos relevantes en curso, de los cuales 9 no se conectaban con ninguno de los seis objetivos — eran herencias, pedidos sueltos o proyectos que nadie cerró. Estimando 3 personas a medio tiempo por frente, a R$ 130 la hora cargada, se llega a algo cercano a R$ 1,4 millones al año. No es desperdicio puro; parte es trabajo útil. Pero es capacidad asignada sin decisión consciente.
¿Querés ver cómo queda dentro de una operación real? Conocé la plataforma.
04Qué hacer con los tres procesos #
Lo aprovechable de Bossidy y Charan para una empresa mediana no es el vocabulario, es la exigencia de acoplamiento. Tres preguntas obligan a los procesos a comunicarse, y pueden hacerse en la próxima reunión de dirección:
- Gente: para cada objetivo, ¿quién es la persona nombrada que responde por él, y tiene tiempo? Objetivo con responsable simbólico es objetivo sin responsable.
- Estrategia: ¿qué iniciativas concretas componen el objetivo, y qué sale de la lista para que ellas entren? Ninguna entrada sin una salida.
- Operación: ¿qué resultado esperado en el trimestre corriente indica que la iniciativa avanza? Sin eso, la primera señal llega en diciembre.
Los autores insisten también en algo poco cómodo: el diálogo robusto. Reuniones en las que nadie cuestiona la premisa producen planes que todos aprueban y nadie cree. Eso depende de un entorno en el que discrepar no sale caro, lo que discutimos en equipos que reportan más errores se equivocan menos.
05Lo que responde la gestión con datos #
La brecha sobrevive porque la conexión entre objetivo, iniciativa y tarea suele existir solo en la cabeza de quien participó en la planificación. Mientras el plan viva en una presentación y el trabajo viva en otro lugar, cada seguimiento es un ejercicio de reconstrucción manual — caro, lento y sesgado hacia el optimismo.
Cuando objetivo, iniciativa y tarea son el mismo registro en niveles distintos, cambian tres cosas: cualquier persona puede rastrear su propio trabajo hasta el objetivo, el estado es consecuencia del trabajo en vez de un informe, y la capacidad comprometida queda visible antes de aprobar el próximo frente. Es la misma disciplina de medir a tiempo de cambiar de lo que el balanced scorecard todavía enseña.
En Relevanti, los módulos de proyectos, tareas e inteligencia mantienen toda esa cadena en un solo lugar — vea la plataforma, el recorte por área en soluciones o traiga su plan anual a una conversación.
Estrategia que no llega al martes no es estrategia mal ejecutada. Es estrategia que nunca salió de la diapositiva.
Fuentes y lecturas
- Larry Bossidy y Ram Charan, Execution: The Discipline of Getting Things Done (Crown Business, 2002)
- Donald Sull, Rebecca Homkes y Charles Sull, Why Strategy Execution Unravels — and What to Do About It, Harvard Business Review, 2015
- Chris McChesney, Sean Covey y Jim Huling, The 4 Disciplines of Execution (Free Press, 2012)
- Richard P. Rumelt, Good Strategy / Bad Strategy (Crown Business, 2011)
Del objetivo a la tarea, sin traducción perdida
Cuando el objetivo del año se conecta con las iniciativas y con las tareas que las componen, seguir la ejecución deja de depender de reuniones.